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Pelé y su temple en momentos cruciales

Pelé y su temple en momentos cruciales

Pelé y su temple en momentos cruciales

El fútbol es un deporte que nos ha dejado innumerables momentos emocionantes y jugadas inolvidables en la memoria colectiva de los aficionados. Y, sin duda, uno de los nombres que siempre estará presente en cualquier conversación sobre los grandes jugadores de todos los tiempos es el de Pelé.

A lo largo de su carrera, Edson Arantes do Nascimento -su verdadero nombre- se destacó por su habilidad, técnica, visión de juego y, sobre todo, por su temple en momentos cruciales. Y es precisamente ese último aspecto el que vamos a analizar en este artículo.

Para hablar del temple de Pelé en momentos cruciales, es necesario repasar algunos de los momentos más emblemáticos de su carrera. Uno de ellos ocurrió en la final del Mundial de Suecia 1958, cuando Pelé solo tenía 17 años. Brasil se enfrentaba a la anfitriona Suecia, y Pelé había sido objeto de duras faltas por parte de los defensores rivales. En una de ellas, sufrió un doloroso golpe en el muslo que lo obligó a abandonar temporalmente el campo.

Pero, lejos de dejarse vencer por el dolor o la presión del momento, Pelé supo mantener la calma y esperar su oportunidad. Y la tuvo en el segundo tiempo, cuando marcó el primer gol de una remontada que acabó en una victoria por 5-2 para Brasil. Fue el primer Mundial de la selección brasileña y, también, el bautismo de fuego de Pelé en la competición más importante del fútbol.

Pero esa no fue la única vez que Pelé demostró su temple en momentos clave. En la final del Mundial de México 1970, contra Italia, Pelé volvió a ser decisivo. Italia había logrado igualar el marcador en el segundo tiempo, y Brasil necesitaba volver a ponerse por delante para evitar una prórroga que podía ser peligrosa. Fue entonces cuando Pelé, con un pase de genio, habilitó a Carlos Alberto para que marcara el gol de la victoria de Brasil.

Ese no fue el único gol que marcó Pelé en ese Mundial, por supuesto. En la semifinal contra Uruguay, anotó uno de los goles más bellos de la historia del fútbol: una jugada que partió desde el propio campo brasileño, en la que Pelé dejó atrás a varios defensores uruguayos con su habilidad y su velocidad, y definió con un toque suave y preciso.

Pero el temple de Pelé no solo se manifestó en momentos de gloria o de victoria. También lo hizo en momentos difíciles, como cuando sufrió una lesión en la rodilla que lo hizo perderse gran parte de la temporada 1962 con su equipo, el Santos de Brasil.

Pero Pelé no se rindió. Trabajó duro para recuperarse y regresar al campo más fuerte que nunca. Y lo logró: en la temporada 1962-63, anotó 58 goles en 53 partidos, un promedio impresionante que lo convirtió en el máximo goleador del campeonato brasileño.

Esa capacidad de superar las adversidades y de mantener la calma en situaciones de presión -ya sea por el rival, por los medios de comunicación o por los propios compañeros- es lo que convierte a Pelé en un jugador fuera de serie. Pero también es una lección que podemos aplicar en nuestra propia vida, tanto en el deporte como en cualquier otra actividad.

En definitiva, Pelé es mucho más que un simple futbolista. Es un ejemplo de coraje, de espíritu competitivo y de perseverancia. Y, por supuesto, de un talento y una habilidad que nunca se han visto antes ni después en el fútbol. Y, aunque haya pasado ya mucho tiempo desde sus mejores años, su legado sigue inspirando a nuevas generaciones de deportistas, tanto en Brasil como en todo el mundo.